Las Iglesias y la Nueva Era

ateo“Iglesia” proviene del griego “ekklesía” que significa “reunión de hombres”. Las Iglesias necesitan, para medrar y prosperar, violar el Principio de Integración implícito en el “re- ligare”etimológico de la palabra “religión”. Deben dividir y fomentar esas divisiones. Vemos así como distintas Iglesias entran periódicamente en conflicto y sostienen un “ecumenismo condicionado”, lo que, por supuesto, es una tautología: un ecumenismo donde “el otro” es visto con la tristeza del hermano descarriado al que, claro, hay que retornar al redil. De allí que distintas Iglesias aparentemente en conflicto terminen teniendo detrás los mismos intereses y también los mismos personajes, como accionistas despiadados de empresas que en el mercado parecen competitivas pero que en realidad pertenecen en las sombras a los mismos dueños.

La inmanencia de Dios es la base de toda religión; las diversas religiones son otros tantos métodos por los cuales el hombre busca a Dios y precisamente en esto está el justificativo de su variedad. Hay entre los humanos mentalidades muy diversas y las religiones fueron ideadas para ayudar a diferentes razas y diversos temperamentos. Por otra parte, los hombres se encuentran en diferentes grados de evolución; lo que es bueno y útil para un grado, no es adecuado para otro. Así, a medida que la humanidad avanza en su evolución, desarrolla su inteligencia y es capaz de comprender mejor la verdad. De allí que las religiones necesariamente tienen que evolucionar, mutar, adaptarse a los tiempos. Sostener las premisas básicas de su credo pero adoptando los ritmos de los nuevos tiempos. Las que no necesitan evolucionar porque en realidad ello sólo les trae perjuicios son las instituciones, las organizaciones, es decir, las Iglesias. En efecto; adaptarse quiere decir que sus integrantes deben primero cambiar sus mentalidades. Generar nuevas estructuras y relaciones, cambiar papelería, ritos y costumbres, variar ropajes y utensilios, desprenderse de lo viejo y obsoleto, y, como todo trance de cambio, hay un período de confusión y pérdida de control. Y las instituciones necesitan mantener el control en todo momento pues de no ser así corren el riesgo de que en esos lapsos de anarquía las masas cautivas reaccionen, salgan de su estupor idiotizante y ya no regresen al redil. ¿Quieren comprender por qué el Vaticano y el Cinturón Bíblico norteamericano, entre otras instituciones, atacan la Nueva Era?. No por sus premisas: si éstas predican el amor, la caridad y la solidaridad, ¿podrían sostener que los movimientos adscriptos a la Nueva Era no lo hacen?. Claro que no: desde Jesús al Padre, desde la no violencia y el Amor, todos los movimientos propios de esta Era de Acuario comparten con el cristianismo —quizás hasta una meticulosidad que sería cuanto menos discutible— esa fidelidad al espíritu crístico. El problema pasa por otro lado: porque la Nueva Era, al revitalizar la Sabiduría Antigua, rescata la libertad del individuo, lejos de dogmas, de instituciones, de liturgias anquilosadas por los siglos, del dedo digitador y represivo de quien está circunstancialmente encaramado a un púlpito.

La aparente diferencia entre las religiones se debe a las características raciales y nacionales y al diverso desarrollo espiritual e intelectual de los individuos. Tales diferencias resultan más aparentes a causa de las adiciones de ritos y ceremonias, y a la diversidad de interpretaciones de las verdades básicas, proclamadas por los respectivos fundadores. Por otra parte, aunque la verdad jamás podrá expresarse en su plenitud, es susceptible de ser presentada en infinidad de aspectos diferentes. El hombre está descubriendo que la verdad es infinita, mientras que los credos son finitos; que así como es imposible reducir lo ilimitado a un mapa geográfico, es vano tratar de comprimir la plenitud de la verdad en una profesión de fe, por amplia y elástica que ella sea. Pero cada religión tiene su propio grado de perfección, su mensaje especial para la humanidad, de ahí que sea necesario el estudio de todas las religiones para conocer los diversos aspectos de la Verdad. Gracias a este estudio, uno alcanza la comprensión y no hace oposición a ningún credo religioso (lo que no quita señalar de manera furibunda, si cabe, lo ignominioso de ciertas Iglesias); le es más fácil llegar a una realización de la fraternidad entre los seres humanos; fraternidad que es un hecho natural, puesto que todos devenimos del mismo Dios/Diosa. Todas las religiones se han desarrollado en torno a algún Gran Instructor, que les ha dado su nombre. Tales fueron Cristo, Buda, Zoroastro, Mahoma, etc. El instructor aparece cuando una porción de la humanidad está preparada para recibir una nueva enseñanza: la “masa crítica” precipita el advenimiento de un nuevo Avatar, actuando como catalítico espiritual. Funda una nueva religión que encierra las mismas enseñanzas pero adaptadas, en su forma de presentación, a las condiciones de la época, al grado de intelectualidad del pueblo al que está destinada, a su tipo, a sus necesidades, a su capacidad. Como tienen el mismo origen, los principios esenciales de todas las religiones son los mismos, aunque en lo no esencial varíen. Las religiones son como recipientes de agua; el agua toma la forma del recipiente, pero retiene su cualidad de apagar la sed. De manera similar, la vida espiritual se vierte en las religiones y toma la “forma” de cada una, de acuerdo con las necesidades de la época (pero un recipiente que trata de conservar el agua “fuera de época” la corrompe, como ocurre con las religiones que intentan conservar la Verdad amoldada sólo a sus formas más allá de su época. Por eso es ineluctable: toda religión constituida como Iglesia termina tarde o temprano desapareciendo, salvo que adopte una cualidad de mutabilidad tal que le permita descubrir que, después de todo, las formas temporales de sí misma son sólo “Maya”, ilusión).

Así como la luz blanca incluye en sí misma todos los colores, así también las diferentes religiones son como los variados colores que al unirse se refunden en el rayo blanco único de la verdad. De la misma manera que el agua contenida en vasos de diferentes colores aparece diferentemente coloreada aunque es incolora, igual que la luz del sol vista a través de cristales de diferentes colores aparece también con diferentes tonos, la misma verdad aparece diferenciada debido a la diversa presentación hecha por las diferentes religiones, que la expresan diferentemente, de acuerdo con las necesidades y capacidades de los individuos para quienes se divulga. De manera que debemos comprender este fundamento basal, condición necesaria —aunque no suficiente— de la “razón de ser” de nuestro trabajo: contribuir a alcanzar aquella “masa crítica”, circunstancia necesaria para que a través de la alquimia mental y espiritual producida en el Inconsciente Colectivo de la humanidad a través de la Obra, el atanor que es cada nuevo Maestro que llega, podamos, todos —como especie, cuanto menos— dar el salto al próximo nivel evolutivo. Pero, en todo momento, en cada paso de este Proceso, tener en claro que el objeto de atenciòn deben ser las Religiones, y no sus Iglesias.

ESPIRITUALIDAD VERSUS FISIOLOGÍA

pavlovMe daré en estas líneas un gusto inusual: en lugar de presentar teorías, especulaciones, reflexiones o investigaciones a mis lectores, invertiré el proceso esperable y común y pondré a trabajar las neuronas de ellos a mi favor. Porque esta vez es servidor de ustedes quien tiene una duda cruel, que le atenaza los respiros y acosa en noches de insomnio, y que podría expresarse así:

¿No estamos observando demasiado pasivamente una desbordante fisiologizaciòn de la Espiritualidad?.

De acuerdo. Voy a explicarme. O tratar de hacerlo.

De un tiempo a esta parte -tanto a través de medios de comunicaciòn especializados como (especialmente como) los que no lo son- venimos siendo testigos de una avalancha de aparentes “progresos de la neurofisioología” que explican procesos habitualmente tenidos como subjetivos, meramente psicológicos y hasta metafísicos en términos endócrinos, glandulares, electroquímicos. Por caso, según esta corriente, la presencia de “fantasmas” y entidades tendría así una explicaciòn “científica”, como vemos aquí. Hoy, el ejemplo paradigmático de lo que estoy preguntando son esos supuestos estudios que mostrarían que una pequeña siesta de veinte minutos permite “resetear” el organismo y ayuda a una vida feliz.

¿Y cuál es el problema?

Que, por extensiòn, esos fisiólogos sostienen, entonces, que la meditaciòn no tiene nada “especial”, quedando así reducida a la pálida categoría de una seudosiesta.

Es inevitable aquí puntualizar. Cualesquiera de nosotros que sepamos disfrutar tanto de la siesta como de la Meditaciòn, sabemos que no es lo mismo. Tanto por su naturaleza, su contenido y sus efectos aplicables. El punto es que una enorme masa de la poblaciòn, que aún no ha internalizado la comprensiòn de los beneficios (para sí mismos y para el colectivo) de meditar, a partir de la difusiòn de estos estudios se pregunta seriamente que para qué hacerlo, si basta con relajarse y semidormir media horita. Y como por experiencia sabemos que no es lo mismo, sólo podemos en este punto preguntarnos si (a) estamos equivocados y sí lo es, o (b) esta confusiòn no tiene nada de confusiòn y se genera a propósito, intoxicando el concepto trascendente de Meditaciòn, degradándolo a simple proceso orgánico para quitarle entidad y potencial de transformaciòn, insisto, tanto del individuo como de la Sociedad en su conjunto.

Así que molesto en esta ocasiòn a mis lectores no con ánimo de incordiar el avance presuroso de la Ciencia, sino para preguntarles, consultarles cual internáutico oráculo ante lo que señalaré como un “hiato”, una “zona negra” de tanta fisioogía academicista disfrazada de desmitificadora racionalista: ¿alguien puede explicarme -si esa postura fuera correcta- cuál es el proceso, el mecanismo, la transmisiòn por la que, por ejemplo, una imagen eidética, una “visualizaciòn mental” se transforma en impulsos eléctricos o liberaciòn de sustancias químicas?.

Creo que esto es más importante de lo que parece. Cualquier divulgador científico dirá que, por ejemplo “imaginar un campo soleado con pajaritos piando libera endorfinas que, etc., etc., etc.” y la masa devota de multiplicadores no razonantes (léase “medios de prensa”) acotan algo como: “he ahí una explicaciòn científica”. Sorry, boys; no han explicado nada. Explicaciòn sería que explicaran cómo -por eso escribí: el proceso, el mecanismo, la transmisiòn, la conversiòn de software a hardware, bah- la “imagen” dispara, supongamos, endorfinas. Y de nada vle que vengan por aquí a decirme que la explicaciòn es válida porque “repetibilidad”, es decir, que porque cada vez que visualicemos el campito soleado se comprobará un aumento en la secreciòn de hormonas porque puedo proponer una explicaciòn alternativa que la misma repetibilidad así justificaría. Decir, por ejemplo, que por Ley Universal de Correspondencia lo que ocurre en el plano espiritual, o en el plano de las Ideas se corresponderá de manera acausal con lo que ocurre en el plano denso, material y las “pruebas” demuestran que la razón la llevo yo.

Una vez más: las “pruebas”, las eviedencias, por sí mismas y solas no demuestran nada. Todo depende de la teoría, marco referencial o paradigma al que son incorporadas. Así también, lo que yo presento como “prueba” de mi especulaciòn cualesquiera de ustedes puede presentarlo como “prueba” de una especulaciòn absolutamente opuesta.

Así que ahora puedo resumir la razón de ser de estas líneas. Fuera del hecho que (realmente) me agradaría que alguien pudiera responderme cabalmente esa pregunta cuya respuesta ignoro,  es mi intención poner de relevancia como no solamente con argumentos pretendidamente “científicos” sino con el montaje del refuerzo de un compulsivo paradigma cientificista. Y ese paradigma fue construido y es reforzado con una intenciòn, un propósito y un objetivo, por un grupo de Poderes a los que no puede resultarles indiferente un eventual crecimiento de la Espiritualidad. Qué mejor, entonces, para sostener el control, la explotaciòn, el drenaje de recursos, el sometimiento, que sabotear, que torpedear una Espiritualidad liberadora en base a un programa de cuatro puntos:

  • Intoxicar la creciente Espiritualidad con estrategias (y personajes) totalmente funcionales al Sistema, contaminándolo con tácticas de marketing, aranceles inaccesibles, discursos reivindicatorios de la práctica de mirarse el ombligo.
  • Construir un “paradigma academicista” donde, sin saber bien porqué, las masas estén plenamente convencidas que “la verdad” (infuso concepto del que se habla generalmente sin preguntarse primero qué significa) está en lo que digan los científicos (mejor aún; los académicos) y que todo cuestionamiento de ello, en lugar de considerarse como un sano debate y enriquecimiento de ideas, es cuando menos una expresiòn de ignorancia y aún más, de abuso de credulidades lindando lo delictivo.
  • Las corporaciones ecleciásticas (que no la Espiritualidad con mayúsculas) son a las corporaciones académicas (que no a la Ciencia con mayúsculas), lo que ISIS a Israel, Al Qaeda a USA o la URSS también a EE UU. Son la “otredad peligrosa” pero imprescindible para justificar su propia existencia. Por ello, sostenerlas disimuladamente aún cuando la evoluciòn sanamente erótica de la naturaleza humana las vaya a desechar como viejas vestiduras en el camino.
  • Y mientras tanto, reforzar en las creencias de las masas la identidad (la confusión, en puridad) que “espiritualidad” es sinónimo de “religiosidad ecleciástica”, es decir, que no hay una espiritualidad lícita fuera de las iglesias.

Éste es el cuadro. Mientras tanto, observemos….

O aprovechemos para meditar, recordando aquellos versos de Chesterton:

“Cuando las mentes lógicas nos inviten a observar

de qué frío maquinar

el mundo hecho está

nuestras almas responderán en las sombras:

“Tal vez sí, pero hay otras cosas…”