EL MOMENTO DE ACUMULAR CAPITAL ES AHORA

proactivo.gifEn la fila de la caja del supermercado. La empleada, jovencita, quizás a prueba, quizás su primer trabajo, atiende con cara d epiedra. No devuelve mi saludo (ni el de nadie) al llegar su turno o retirarse. Una señora, delante de mí, comenta en voz baja: “Pobre. Con lo que les pagan…”.
Demora en el aeropuerto en un vuelo a Santiago de Chile. Mucha demora: seis horas. Los pasajeros abordamos a los empleados de la aerolínea exigiendo explicaciones y soluciones. Éstos tratan de minimizar la demora. Nos enojamos (que uno sea “espiritual” no quita la profiláctica y catárquica descarga de “bronca”). Alguien nos dice: “Pobres, ellos sólo son empleados…”
Comentarios ambos bien intencionados, seguramente. Pero el camino del infierno está sembrado de buenas intenciones. A ver: nadie le puso una pistola en la cabeza para que acepten ese trabajo con todo lo que signifique. Sin duda todos merecen un ingreso digno. Pero están donde están y cuando están por libre elecciòn. Y claro, entonces comienzan las otras “explicaciones”: “Es que no todos tienen las mismas oportunidades en la vida”, “No todos tienen la inteligencia para prepararse”, No todos, no todos, no todos…
Bien, admitamos por un momento (sólo por un momento) que esto es así. Es claro que no estoy en absoluto de acuerdo, porque estoy convencido que las dificultades pueden fortalecerte, templarte y abrirte nuevas puertas y que la debilidad, atimia y abulia es una elecciòn no una condiciòn, pero no debatiremos eso ahora. Porque quiero señalar cómo, aún en situación “desventajosa”, puedes comenzar tu capitalización a futuro.
Si me atiendes con cara de donde la espalda cambia de nombre, en el mejor de los casos sólo habrá un pensamiento consolador (y lastimoso) de mi parte. Precisamente, ese mismo “Pobre, con lo que le pagan…” Y la lástima es una energía sumamente negativa disfrazada de solidaridad y sensibilidad por el otro. Y una reacciòn a tu acciòn seguramente de indiferencia cuando menos, de disgusto cuando más. Y tu vida (y tu sueldo) seguirá siendo igual.
Ahora, míralo así: tienes un mal empleo, ganas un sueldo que no te permite llegar a fin de mes, pero a pesar de eso (o precisamente por eso) lo tuyo es una sonrisa permanente, un comentario jocoso, una actitud proactiva, siempre. Ya habrás aprendido en la vida lo que significa la disciplina de un ejercicio físico, de un aprendizaje, de cumplir un horario, permítete ahora la disciplina del espíritu. Cualquiera sonríe cuando todo anda bien. Pero hazlo cuando todo parece sombrío. Entonces, la respuesta de los demás ¿cuál será?. No lo dudes: sonrisas responden a las sonrisas. Breves y relajadas conversaciones circunstanciales que con el tiempo van creando afecto; una sensación de cálida aceptación del otro que te reconoce en la calle. Y luego… todo es posible. Porque esa persona a la que siempre le saludas con sonrisas quizás necesite un empleado o empleada para su firma el día de mañana; o algún allegado le pregunte si no tendrá alguien que recomendar. Nunca sabes las maravillosas sorpresas que el Universo y la Vida pueden depararte a la vuelta de la esquina, y doy fe: Para no ser autorreferencial, cuento que tuve, hace muchos años, un amigo, mal pago en su empleo pero con positiva actitud, quien fue contratado como guía circunstancial para unos empresarios venezolanos que estaban de paso por Argentina y esa actitud y proactividad le granjeó la amistad de ellos… y cuatro años después, un contrato para radicarse y trabajar en la Venezuela de principios de los ’80. Y de guía pagado por hora, fue nombrado Director Editor de una revista de las más populares en ese entonces en ese país.
La sonrisa abre todas la spuertas, aún de idiomas que desconoces. Viajamos con mi mujer, a veces por países donde no se habla nuestro idioma, y aunque deba acudir a los gestos para hacerme entender, siempre atiendo mi sonrisa… que se replica instantáneamente en quien abordo y trata de entenderme. Si sigues en tu puesto con ese rostro crispado, es posible, sí, que te “comprendan”, que te “disculpen”… y que te olviden. Si sigues en ese puesto y tienes la sonrisa, la palabra animada, la actitud positiva, fijarás como una impronta esa imagen, gratificarás a tu contertulio en el encuentro circunstancial y, acumulando rostros y momentos, tarde o temprano, devienen los “intereses acumulados”: la propuesta de otra actividad, el alcanzarte en su vehículo al verte caminando por la calle, el recomendarte para una tarea.
La sonrisa, siempre, es un capital con resultados exponenciales.

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ACEPTAR NO ES RESIGNAR

1964998_697665380285685_1281765744_nNo aceptar las asperezas del camino es no aceptar el camino; por ello, no aceptar las dificultades es lo mismo que no aceptar la vida. Pero “aceptar” no es “resignarse”: el único camino transitable que tu espíritu tiene delante es comprender la naturaleza de sus problemas y el rol de su actitud en el origen de los mismos. No te ayuda saber si tienes razón al quejarse, si padeces por culpa de algo o de alguien. Tu problema no terminará castigando a un culpable ni esperando que cambie lo que no está en tus manos cambiar. Solamente trabajando sobre tí mismo puedes eliminar el problema, ya que en tu interior tienes poder para cambiar, mejorar, comprender y realizar.
Cuando alguien descubre su fuerza interior y comprende que el origen de sus conflictos está en su actitud, sus problemas se simplifican hasta ser sólo las dificultades propias de la vida, que ella debe superar para desenvolverse. Cuando uno comprende su actitud, indefectiblemente encuentra el consejo oportuno, la ayuda necesaria, la fuerza interior que lo lleva a superar las dificultades. La relación con las dificultades ha de ser humilde, simple y valiente.
Es humilde cuando comprendemos nuestros límites; cuando sabemos reconocer el pequeño porcentaje de acontecimientos que podemos controlar y aceptar el resto como desafío para extraer la enseñanza que ellos encierran. Quien es humilde sabe que la ley de la vida no se puede cambiar a su antojo, que la única vida que puede vivir es la suya y que las dificultades que encuentra también le sirven como puntos de apoyo para su labor interior. El hombre y la mujer humildes pueden prever las dificultades pues al mirar la vida sin arrogancia ven con claridad el camino que tienen adelante.
Es simple cuando uno ama la verdad más que a la imagen que se hace de sí mismo. Quien anhela conocerse no interpreta las dificultades con razones rebuscadas. Sabe que las dificultades significan trabajo y esfuerzo y no las usa para tenerse lástima a sí mismo ni para justificar una actitud de derrota. Se ve a sí mismo tal como es, con virtudes y defectos, con limitaciones y posibilidades, y mira con ecuanimidad el camino que tiene por delante.
Es valiente cuando mueve a no retacear esfuerzos para superarlas. La mente y el espíritu saben que tienen en sí mismas la fuerza para realizar su vida en toda su plenitud y se ponen a trabajar con toda su energía para su propio bien y el de todos los demás.
Cuando uno sabe que su fortaleza depende de su actitud frente a las dificultades, deja de soñar con una vida fácil y concentra su energía en trabajar para recorrer firmemente su camino de desenvolvimiento hasta el final.