La discreción de la Magia

Sutileza mágicaLa discreciòn mantenida a través de los siglos por los círculos que practicaban la Magia y Contramagia también tiene que ver con que no todas las personas están dispuestas, preparadas, a aceptar este Conocimiento ancestral. No por una pretendida “superioridad” (que no aducimos) ni “sabiduría” (de la que no nos jactamos) sino por cosas tan sencillas como que ciertos planteos les resultarían escandalosos. Como éste, por caso:
La confrontaciòn que las Iglesias hicieron a través del tiempo con la Magia, es porque las primeras someten al ser humano y la segunda, libera. Las primeras, funcionales a la Matrix, manipulan y convencen a sus fieles de estar en eterna deuda con las entidades espirituales “superiores”, el Mago o la Hechicera le habla a esas entidades de igual a igual, reconociéndoles su potencia en planos sutiles a los que él o ella no pertenece pero haciendo respetar su voz y su voluntad. Las primeras hacen que sus devotos ruegen, limosneen la ayuda de esos otros planos. La segunda, conocedora de las Leyes de esos planos, invoca, evoca y traslada peticiones. Las primeras ayudan a soportar las penurias de la Vida. La segunda construye la Vida que nos merecemos si es que tenemos la valentía de soñarla.

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Una efectiva oración mágica

DisputasSe hace casi costumbre afirmar que no existen “recetas mágicas”, en el sentido que un mero acto humano pueda transformar algo en el Universo denso. Y muchas veces es cierto. El problema es que toda generalización no sólo es odiosa sino, implícitamente, errónea. Y en ese sentido, me place saber que hay oraciones mágicas.
Mágicas y de efectos no sólo comprobables, sino inmediatos. ¿Qué mayor requisito, para honrar a la Magia en cualesquiera de sus acepciones, que descubrir que el poder de la palabra transforma la realidad ante la acciòn de nuestra Voluntad?. ¿Qué podemos exhibir un poder propio de instancias superiores al influjo de nuestra voz y transformar perceptiblemente algo de nuestro entorno?. Los refutadores militantes dirán que tal cosa no es posible y que los pretendidos resultados son sólo interpretaciones subjetivas o, en el mejor de los casos, resultados azarosos: yo demostraré que eso no es cierto.
Todo acto mágico debe producir un (y sólo un) resultado esperable. Éste, debe ser evidente y, de ser posible, sostenerse en el tiempo. Y algo deberá ser distinto a partir del momento en que ejecutemos ese acto.
Aquí, el cambio afectará (para bien) a todas las personas con que nos vinculemos. Esta oraciòn mágica –fuertemente mágica- abrirá mentes y corazones y nos llevará, en nuestras relaciones interpersonales, a explorar vínculos que de no haberse ejecutado no existirían por haberse transformado en callejones sin salida.
Consta de sólo dos palabras; el módulo mínimo de cualquier oración. Y sólo basta pronunciarla una vez, en el momento adecuado, para que su efecto sea instantáneo.
Está formada por las palabras “tienes razón”.
Cuando un intercambio de opiniones degenera rápidamente en una discusión (toda discusión debería seguir siendo un intercambio de opiniones, pero hasta la propia palabra evoca hoy connotaciones de agresividad verbal) a tanta gente le resulta imposible detenerse, un momento, a escuchar, a razonar los argumentos del otro. Todo debate deviene así en una riña de gallos intelectual donde cada parte sólo se escucha a sí misma, empeñada en mostrar su mejor plumaje dialéctico, totalmente convencida que ella está en lo cierto y equivocada está la otra. Sin preguntarse ni por un momento, fríamente, si quizás ese argumento que da el otro no tendrá mejores fundamentos, si sus motivos no serán más valederos. ¡Qué difícil se le hace a la gente reconocer que se equivocó!. ¡Y qué doloroso para el ego resulta reconocerlo!. Lo que debería ser un acto de amplitud mental y espiritual, la oportunidad única de crecer aprendiendo un poco más, se transforma en una trinchera discursiva dentro de la cual se resiste decididos a matar o morir. Así, tan pocos pueden aceptar que el otro, esa vez, tiene razones más firmes, argumentos más sólidos, propuestas más valederas. Y que en nada menoscaba nuestra autoimagen reconocerlo y, por qué no, estar agradecidos por haber aprendido algo o ser invitados a reflexionar sobre ello. ¿Cómo cambiarían nuestros vínculos, en qué relaciones transformaríamos lo que es un interesado (o no) intercambio de opiniones dispares si nos permitimos la grandeza del reconocimiento al otro?. Los contrincantes circunstanciales y vilipendiados pueden transformarse en amigos o, cuando menos, gente con la que nos relacionaremos con mucho respeto y cierto grado de afecto. Los conflictos familiares más profundos, cubiertos con el bálsamo de la contenciòn y el apoyo. Si –por caso- cuando nuestros vehículos chocan un poco en una esquina, al bajar, antes que putear al otro le preguntamos, solamente, “¿Estás bien?”.
Y no se trata de dar la razón (acudo a un argentinismo) “como a los locos”, diciendo “sí” a cualquier cosa. Es el sano ejercicio de escuchar el argumento del otro y oponer uno mejor, si lo tenemos. Y si no lo tenemos, aceptarlo. Y verbalizarlo.
“Tienes razón”.

La Magia es posible

En RennesHay Magia en un brindis. Porque si la Magia es tener en las manos el poder de recrear la naturaleza conforme al propio pensamiento, es en ese acto donde detenemos nuestro tiempo y el de nuestros contertulios para que todos los sentidos, los groseros y los sutiles, trasciendan nuestra limitada naturaleza humana. Al brillo del color de la bebida susurramos a la vista. El tacto dialoga con la textura del cristal, el oído se hipnotiza por el tintineo del entrechocar de cristales, el olfato interpreta la fragancia y el gusto se excita al contacto con el líquido. Y entonces los corazones se unen en ese instante y los espíritus vuelan tras los deseos expresados, saltando por sobre el tiempo y el espacio, acariciando el alma de los que están lejos y la de quienes ya no están entre nosotros.

¿Habrá más bella Magia que ésa?

(Un apunte escrito al pie de mi libreta de viajes, mientras trasegaba un buen “rouge” frente a la iglesia de María Magdalena, en Rennes le Chateau).

CREO EN LA MAGIA

druidas-y-runas1Y no es un eufemismo, una metáfora poética. Creo que la Magia es al Esoterismo lo que la Técnica es a la Ciencia. El Mago, la Maga, el Hechicero, la Hechicera, son operadores de los planos sutiles, y la misma manipulación sociocultural que hace suponer a muchos que adscribir a la Magia es sólo un emergente de supersticiòn e irracionalidad, le quitan a la humanidad el timón de algunas de las fuerzas que operan en su destino. Lo saben las iglesias, especialmente las más antiguas, que disimulan que sus liturgias son rituales de Magia Blanca (las otras, las “modernosas”, sólo coaccionan psicológicamente a su feligresía; han perdido su “magia”). Lo saben los políticos de fuste, convenientemente asesorados tras bambalinas. Lo saben los intelectuales, que prefieren aggiornarse hablando de Radiónica, Psiónica, Terapias Holísticas pero, inevitablemente, siguen haciendo Magia. Madre de las ciencias contemporáneas (no solamente por anticiparlas sino por que de ella nacen éstas), es como ellas verificable en sus resultados, repetible en sus métodos. Ensayo y error, el inexcusable camino del Conocimiento a través de los milenios asegura su supervivencia garantizada por sus resultados. Ésos que visceral e intuitivamente tantos conocen y que llevó a que aún en tiempos de persecusiones (desde las hogueras medievales hasta las “cámaras ocultas” del periodismo “progre” y pseudo intelectual de hoy en día) se la preservara y transmitiera a riesgo de la propia vida o, peor aún, del descrédito social del que no se vuelve porque, como escribiera un filósofo, el ridículo jamás ha creado mártires. Creo en la Magia porque en la intimidad recoleta de nuestros “occultum”, defumaciones, salmos, signos y símbolos somos testigos que el humano Albedrío adquiere otro significado. Creo, practico, la enseño. Con cierta aguda irresponsabilidad indiferente a lo “políticamente correcto” en estos tiempos de frío academicismo yo, Gustavo Fernández, me permito disfrutar de la Magia aunque escandalice a los pobres de espíritu y divierta a panrrefutadores militantes. Porque, más allá de lo transitorio de esas opiniones, sólo los que nos permitimos la vivencia y la experiencia mágica comprendemos mejor aquella frase del poeta que dijera que los mejores enigmas son los que nunca se podrán develar.