Una de tantas manipulaciones de la Espiritualidad

EspiritualidadUna de las manipulaciones más sutiles (y perversas) del Poder en las Sombras es instalar como certeza “lógica” que “la Espiritualidad pertenece al campo de las creencias”. La Espiritualidad es la expresiòn sutil de la Realidad, siendo la densa la Materialidad, mientras que una “creencia” es la subjetiva percepciòn psicológica de esa Realidad. Cuando alguien dice “yo creo que…” no necesita demostrar nada. Es su creencia. Cuando propone -desde lo espiritual- un método, una técnica que puede ser herramienta de transformaciòn de los demás, abandona el campo de las creencias y entra en el de las “tecnologías”, y entonces sí puede (y debe) presentar evidencias. Por eso no es incorrecto (aunque repugne a los oídos académicos) hablar de “Ciencia Espiritual”, puesto que la ciencia es “aquello que tiene un objeto de estudio y un método de acceder a su conocimiento”. Ahora bien: mientras se nos convenza que “lo espiritual es cuestiòn de creencias” y por ende, cualquiera puede aceptar creer cualquier cosa pero su aplicación en la realidad social deba subordinarse a las exigencias del paradigma académico (que no científico), seguirán medrando los alucinados, ingenuos y charlatanes que en lugar de evidencias presentarán rebuscados sofismas y juegos dialécticos y la verdadera Espiritualidad, la que es parte de la cotidianeidad tanto como lo es la Materialidad, seguirá siendo privilegio de unos pocos.
Por esto es que hay “creencias” en (y de) la Materialidad. En la importancia superlativa del dinero, el poder, la fama, el éxito, por ejemplo. Y el cambio de Paradigma exige, como condiciòn sine qua non, comprender –e incorporar al ideario colectivo- lo ya mencionado: la Espiritualidad es la Realidad, parte de ella. Las creencias, solamente cómo las percibimos e integramos.

Anuncios

ESPIRITUALIDAD VERSUS FISIOLOGÍA

pavlovMe daré en estas líneas un gusto inusual: en lugar de presentar teorías, especulaciones, reflexiones o investigaciones a mis lectores, invertiré el proceso esperable y común y pondré a trabajar las neuronas de ellos a mi favor. Porque esta vez es servidor de ustedes quien tiene una duda cruel, que le atenaza los respiros y acosa en noches de insomnio, y que podría expresarse así:

¿No estamos observando demasiado pasivamente una desbordante fisiologizaciòn de la Espiritualidad?.

De acuerdo. Voy a explicarme. O tratar de hacerlo.

De un tiempo a esta parte -tanto a través de medios de comunicaciòn especializados como (especialmente como) los que no lo son- venimos siendo testigos de una avalancha de aparentes “progresos de la neurofisioología” que explican procesos habitualmente tenidos como subjetivos, meramente psicológicos y hasta metafísicos en términos endócrinos, glandulares, electroquímicos. Por caso, según esta corriente, la presencia de “fantasmas” y entidades tendría así una explicaciòn “científica”, como vemos aquí. Hoy, el ejemplo paradigmático de lo que estoy preguntando son esos supuestos estudios que mostrarían que una pequeña siesta de veinte minutos permite “resetear” el organismo y ayuda a una vida feliz.

¿Y cuál es el problema?

Que, por extensiòn, esos fisiólogos sostienen, entonces, que la meditaciòn no tiene nada “especial”, quedando así reducida a la pálida categoría de una seudosiesta.

Es inevitable aquí puntualizar. Cualesquiera de nosotros que sepamos disfrutar tanto de la siesta como de la Meditaciòn, sabemos que no es lo mismo. Tanto por su naturaleza, su contenido y sus efectos aplicables. El punto es que una enorme masa de la poblaciòn, que aún no ha internalizado la comprensiòn de los beneficios (para sí mismos y para el colectivo) de meditar, a partir de la difusiòn de estos estudios se pregunta seriamente que para qué hacerlo, si basta con relajarse y semidormir media horita. Y como por experiencia sabemos que no es lo mismo, sólo podemos en este punto preguntarnos si (a) estamos equivocados y sí lo es, o (b) esta confusiòn no tiene nada de confusiòn y se genera a propósito, intoxicando el concepto trascendente de Meditaciòn, degradándolo a simple proceso orgánico para quitarle entidad y potencial de transformaciòn, insisto, tanto del individuo como de la Sociedad en su conjunto.

Así que molesto en esta ocasiòn a mis lectores no con ánimo de incordiar el avance presuroso de la Ciencia, sino para preguntarles, consultarles cual internáutico oráculo ante lo que señalaré como un “hiato”, una “zona negra” de tanta fisioogía academicista disfrazada de desmitificadora racionalista: ¿alguien puede explicarme -si esa postura fuera correcta- cuál es el proceso, el mecanismo, la transmisiòn por la que, por ejemplo, una imagen eidética, una “visualizaciòn mental” se transforma en impulsos eléctricos o liberaciòn de sustancias químicas?.

Creo que esto es más importante de lo que parece. Cualquier divulgador científico dirá que, por ejemplo “imaginar un campo soleado con pajaritos piando libera endorfinas que, etc., etc., etc.” y la masa devota de multiplicadores no razonantes (léase “medios de prensa”) acotan algo como: “he ahí una explicaciòn científica”. Sorry, boys; no han explicado nada. Explicaciòn sería que explicaran cómo -por eso escribí: el proceso, el mecanismo, la transmisiòn, la conversiòn de software a hardware, bah- la “imagen” dispara, supongamos, endorfinas. Y de nada vle que vengan por aquí a decirme que la explicaciòn es válida porque “repetibilidad”, es decir, que porque cada vez que visualicemos el campito soleado se comprobará un aumento en la secreciòn de hormonas porque puedo proponer una explicaciòn alternativa que la misma repetibilidad así justificaría. Decir, por ejemplo, que por Ley Universal de Correspondencia lo que ocurre en el plano espiritual, o en el plano de las Ideas se corresponderá de manera acausal con lo que ocurre en el plano denso, material y las “pruebas” demuestran que la razón la llevo yo.

Una vez más: las “pruebas”, las eviedencias, por sí mismas y solas no demuestran nada. Todo depende de la teoría, marco referencial o paradigma al que son incorporadas. Así también, lo que yo presento como “prueba” de mi especulaciòn cualesquiera de ustedes puede presentarlo como “prueba” de una especulaciòn absolutamente opuesta.

Así que ahora puedo resumir la razón de ser de estas líneas. Fuera del hecho que (realmente) me agradaría que alguien pudiera responderme cabalmente esa pregunta cuya respuesta ignoro,  es mi intención poner de relevancia como no solamente con argumentos pretendidamente “científicos” sino con el montaje del refuerzo de un compulsivo paradigma cientificista. Y ese paradigma fue construido y es reforzado con una intenciòn, un propósito y un objetivo, por un grupo de Poderes a los que no puede resultarles indiferente un eventual crecimiento de la Espiritualidad. Qué mejor, entonces, para sostener el control, la explotaciòn, el drenaje de recursos, el sometimiento, que sabotear, que torpedear una Espiritualidad liberadora en base a un programa de cuatro puntos:

  • Intoxicar la creciente Espiritualidad con estrategias (y personajes) totalmente funcionales al Sistema, contaminándolo con tácticas de marketing, aranceles inaccesibles, discursos reivindicatorios de la práctica de mirarse el ombligo.
  • Construir un “paradigma academicista” donde, sin saber bien porqué, las masas estén plenamente convencidas que “la verdad” (infuso concepto del que se habla generalmente sin preguntarse primero qué significa) está en lo que digan los científicos (mejor aún; los académicos) y que todo cuestionamiento de ello, en lugar de considerarse como un sano debate y enriquecimiento de ideas, es cuando menos una expresiòn de ignorancia y aún más, de abuso de credulidades lindando lo delictivo.
  • Las corporaciones ecleciásticas (que no la Espiritualidad con mayúsculas) son a las corporaciones académicas (que no a la Ciencia con mayúsculas), lo que ISIS a Israel, Al Qaeda a USA o la URSS también a EE UU. Son la “otredad peligrosa” pero imprescindible para justificar su propia existencia. Por ello, sostenerlas disimuladamente aún cuando la evoluciòn sanamente erótica de la naturaleza humana las vaya a desechar como viejas vestiduras en el camino.
  • Y mientras tanto, reforzar en las creencias de las masas la identidad (la confusión, en puridad) que “espiritualidad” es sinónimo de “religiosidad ecleciástica”, es decir, que no hay una espiritualidad lícita fuera de las iglesias.

Éste es el cuadro. Mientras tanto, observemos….

O aprovechemos para meditar, recordando aquellos versos de Chesterton:

“Cuando las mentes lógicas nos inviten a observar

de qué frío maquinar

el mundo hecho está

nuestras almas responderán en las sombras:

“Tal vez sí, pero hay otras cosas…”