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Una efectiva oración mágica

DisputasSe hace casi costumbre afirmar que no existen “recetas mágicas”, en el sentido que un mero acto humano pueda transformar algo en el Universo denso. Y muchas veces es cierto. El problema es que toda generalización no sólo es odiosa sino, implícitamente, errónea. Y en ese sentido, me place saber que hay oraciones mágicas.
Mágicas y de efectos no sólo comprobables, sino inmediatos. ¿Qué mayor requisito, para honrar a la Magia en cualesquiera de sus acepciones, que descubrir que el poder de la palabra transforma la realidad ante la acciòn de nuestra Voluntad?. ¿Qué podemos exhibir un poder propio de instancias superiores al influjo de nuestra voz y transformar perceptiblemente algo de nuestro entorno?. Los refutadores militantes dirán que tal cosa no es posible y que los pretendidos resultados son sólo interpretaciones subjetivas o, en el mejor de los casos, resultados azarosos: yo demostraré que eso no es cierto.
Todo acto mágico debe producir un (y sólo un) resultado esperable. Éste, debe ser evidente y, de ser posible, sostenerse en el tiempo. Y algo deberá ser distinto a partir del momento en que ejecutemos ese acto.
Aquí, el cambio afectará (para bien) a todas las personas con que nos vinculemos. Esta oraciòn mágica –fuertemente mágica- abrirá mentes y corazones y nos llevará, en nuestras relaciones interpersonales, a explorar vínculos que de no haberse ejecutado no existirían por haberse transformado en callejones sin salida.
Consta de sólo dos palabras; el módulo mínimo de cualquier oración. Y sólo basta pronunciarla una vez, en el momento adecuado, para que su efecto sea instantáneo.
Está formada por las palabras “tienes razón”.
Cuando un intercambio de opiniones degenera rápidamente en una discusión (toda discusión debería seguir siendo un intercambio de opiniones, pero hasta la propia palabra evoca hoy connotaciones de agresividad verbal) a tanta gente le resulta imposible detenerse, un momento, a escuchar, a razonar los argumentos del otro. Todo debate deviene así en una riña de gallos intelectual donde cada parte sólo se escucha a sí misma, empeñada en mostrar su mejor plumaje dialéctico, totalmente convencida que ella está en lo cierto y equivocada está la otra. Sin preguntarse ni por un momento, fríamente, si quizás ese argumento que da el otro no tendrá mejores fundamentos, si sus motivos no serán más valederos. ¡Qué difícil se le hace a la gente reconocer que se equivocó!. ¡Y qué doloroso para el ego resulta reconocerlo!. Lo que debería ser un acto de amplitud mental y espiritual, la oportunidad única de crecer aprendiendo un poco más, se transforma en una trinchera discursiva dentro de la cual se resiste decididos a matar o morir. Así, tan pocos pueden aceptar que el otro, esa vez, tiene razones más firmes, argumentos más sólidos, propuestas más valederas. Y que en nada menoscaba nuestra autoimagen reconocerlo y, por qué no, estar agradecidos por haber aprendido algo o ser invitados a reflexionar sobre ello. ¿Cómo cambiarían nuestros vínculos, en qué relaciones transformaríamos lo que es un interesado (o no) intercambio de opiniones dispares si nos permitimos la grandeza del reconocimiento al otro?. Los contrincantes circunstanciales y vilipendiados pueden transformarse en amigos o, cuando menos, gente con la que nos relacionaremos con mucho respeto y cierto grado de afecto. Los conflictos familiares más profundos, cubiertos con el bálsamo de la contenciòn y el apoyo. Si –por caso- cuando nuestros vehículos chocan un poco en una esquina, al bajar, antes que putear al otro le preguntamos, solamente, “¿Estás bien?”.
Y no se trata de dar la razón (acudo a un argentinismo) “como a los locos”, diciendo “sí” a cualquier cosa. Es el sano ejercicio de escuchar el argumento del otro y oponer uno mejor, si lo tenemos. Y si no lo tenemos, aceptarlo. Y verbalizarlo.
“Tienes razón”.

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12 comentarios sobre “Una efectiva oración mágica

  1. Como dice Marcos, todo esta originado en nuestro ego, pero primero debemos aplacar nuestro propio ego, (dificil pero no imposible), para tomar el control de la situación, y pronunciar la receta mágica “tienes razón”. Como lo veo el resultado fué doble. Los dos llevan su mente a un estado de serenidad.

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  2. Que difícil resulta escuchar al otro… y más en en esta época cibernética en que las conversaciones han dejado de ser cara a cara, ahora cada uno expone su punto de vista y mientras finge escuchar a su interlocutor contesta un mensaje o revisa sus likes en el muro… sin duda alguna tienes razón!

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  3. Gustavo, un gusto haber leído tus líneas…
    Coincido plenamente que en cualquier intercambio de opiniones, deja de serlo cuando uno de los interlocutores dice al otro: “Tienes razón”
    Habría que ver hasta dónde está la “vara” del ego en cada uno, y poder pronunciar la oración mágica…

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